Goethe sobre Wieland


Sin lugar a dudas, de entre todos ellos Wieland poseía el natural más hermoso. Se había formado pronto en aquellas regiones ideales en las que tanto gusta de permanecer la juventud. Pero como éstas se le hicieron odiosas por eso que damos en llamar «experiencia» —por sus vivencias con el mundo y las mujeres—, se puso del lado de la realidad y se complació a sí mismo y a los demás en la antítesis de ambas dimensiones, antítesis en la que, entre bromas y veras, en ligera escaramuza, mostró su talento en toda su belleza. Muchas de sus producciones más brillantes se publicaron durante mis años de estudiante universitario. Su Musarión fue lo que mayor impresión me causó; aún recuerdo el lugar en que vi la primera capilla que me entregó Oeser. Fue aquí donde creí reencontrarme con una Antigüedad viva y renovada. Toda la plasticidad del genio de Wieland se mostraba en él con la mayor perfección, y al igual que aquel timónico Fanias acaba reconciliándose de nuevo con su amada y con el mundo, gracias a él se podrá sobrevivir también a aquella época misantrópica.


JOHANN WOLFGANG VON GOETHE, Poesía y verdad, Alba Editorial, 2020, traducción de Rosa Sala Rose.